Las principales plazas del Centro de Sevilla, convertidas en albergues al aire libre

La cada vez mayor presencia de personas sin hogar está provocando conflictos con vecinos y comercianes y situaciones de insalubridad

Nueve de la noche de este pasado lunes. Un día más en la plaza de la Concordia, un grupo de diez indigentes se reúne sin mascarillas en los bancos más cercanos al parque infantil con litronas, cartones de tinto, perros sueltos y bailando al son de una radio con música a toda pastilla. Una auténtica fiesta ante la atónita mirada de vecinos y el resto de transeúntes que pasan por allí, sin que la Policía haga nada por impedirlo en estos días en los que las concentraciones y el consumo de alcohol en la vía pública están prohibidos. A lo largo del día, lavan la ropa en las fuentes para beber y la tienden en los matorrales, donde hacen sus

 necesidades. Éste es sólo un ejemplo de la situación en la que se encuentran las principales plazas del Centrode la ciudad, lugares de recreo y descanso por los que muchos sevillanos pasan a toda prisa y evitan incluso sentarse a descansar por la degradación, insalubridad e incluso inseguridad que sufren.

ABC informaba hace unos días del estado en el que se encontraba la Plaza Nueva, copando todos los bancos, incluso al abrigo de la estatua del Rey San Fernando o los soportales. Una zona, probablemente la más noble de la ciudad, donde al incivimo se le unen los conflictos nocturnos entre los propios indigentes compitiendo por la propiedad del mobiliario público.

A la Plaza Nueva, el mayor albergue al aire libre del Centro, se le suman también otras plazas que en los últimos meses se han ido llenando de personas sin hogar a los que posiblemente la crisis económica derivada de la pandemia les haya llegado antes. Es el caso del Museo. Los vecinos y comerciantes están preocupados por la deriva cada vez a peor que está tomando el asunto. Antonio Chamizo, propietario de la heladería situada en la plaza, afirma que desde que abrió el negocio hace cuatro años «ha sido una lucha casi continua» que, en los últimos tiempos, ha desembocado en algo hasta peligroso. «Hay diez personas viviendo en los bancos, se emborrachan, está todo lleno de suciedad y orinan y defecan en el árbol centenario que está frente a mi heladería».

Este comerciante señala que les ha intentado disuadir con cordialidad, pero no lo ha conseguido. «En el poco tiempo que hemos abierto este año me han intentado robar la bicicleta, me han amenazado y el otro día me esperaron fuera para darme un susto. Ya no cierro nunca solo la heladería». Antonio Chamizo cuenta que, hace unas semanas, llamó a la Policía porque uno de los indigentes se colocó desnudo frente a la heladería, donde había niños, y delante de ellos se realizó tocamientos. «Tuve que salir y se fue corriendo, pero no llegó ninguna patrulla», revela.

Una persona duerme en un banco en la Plaza de la Encarnación
Una persona duerme en un banco en la Plaza de la Encarnación – Raúl Doblado

Esto provoca, a su juicio, que los clientes ya no vuelvan. «Huele mal —cuenta— y nadie puede sentarse a tomar un helado en una plaza maravillosa, donde está todo un museo de Bellas Artes y por donde suelen pasar muchos turistas».

Foco de infecciones

A la degradación se le suma la inseguridad sanitaria a diario. Los «sin hogar» que allí habitan no llevan mascarillas y, según cuenta este comerciante, «el otro día había uno vomitando encima de un banco». Antonio Lorenzo, el quiosquero del Museo, añade que «para dormir, arrancan el forjado de hierro de los bancos que separan individualmente los asientos».

«Les he escuchado decir que Sevilla es la mejor ciudad para vivir en la calle», afirma, y añade que cuando han llamado a la Policía Nacional les han dicho que «sólo cuentan con tres efectivos en toda la ciudad» y que llamen a la Local, «que ni siquiera coge el teléfono». «Estamos vendidos», se queja, y comenta una situación que también vive la cercana calle San Eloy: «Por la noche, entras y silban para avisarse entre ellos». Allí duemen bajo los soportales de los locales vacíos por la cada vez mayor cantidad de negocios cerrados. Esto mismo ocurre en el acceso de la biblioteca de la calle Alfonso XII, que es un auténtico albergue desde hace años.

Una persona sin hogar duerme en un portal en Sevilla
Una persona sin hogar duerme en un portal en Sevilla – Raúl Doblado

Los vecinos del Museo han reclamado al Ayuntamiento una solución a un problema que se está enquistando hasta convertirse en conflicto social en ocasiones. Cuentan que, antiguamente, los residentes pagaban a vigilantes de seguridad durante todo el día. Incluso, el coleccionista y mecenas Mariano Bellver, que vivía en la plaza, llegó a ofrecer que se instalara un vallado pagado por él. No lo permitieron. El quiosquero del Museo relata que han hablado con asistentes sociales, que les aseguran que estos «sin hogar» no quieren ir a albergues «porque les impiden consumir allí».

El Ayuntamiento ha anunciado recientemente que hará obras en la plaza del Museo para la recuperación de los parterres y la ampliación del acerado. Sin embargo, la situación de este barrio residencial del Centro es común en todos los rincones. La plaza de Teresa Enríquez, una de las más hermosas de Sevilla y que está situada a espaldas de la parroquia de San Vicente, es también un hogar para indigentes desde hace años. La Gavidia, igual. Y en San Lorenzo, con menor afección, también.

Mala fama

Los vecinos se quejan de que la zona está cogiendo mala fama y de que el Consistorio «no es consciente del daño que está haciendo al turismo y a los negocios, que ya de por sí vienen heridos de estos meses por la pandemia». Ana Sosbilla, líder vecinal de San Lorenzo, asegura a ABC que lo ha denunciado ya reiteradas veces en el pleno del distrito Casco Antiguo. «Me dijeron que sí, hablé incluso con la Policía Local y les trasladé el problema de la plaza de la Concordia, pero no han hecho absolutamente nada».

Por otro lado están los okupas, cada vez más habituales en esta zona del Centro. «Se han podido desalojar dos o tres casas, pero el ambiente es cada vez peor. Hay pintadas por todos lados, desde Torneo a la Alameda». Sosbilla cree que la desaparición de la «policía de barrio» ha conllevado esta situación, que no es común en otros lugares como elbarrio de Santa Cruz. «Allí se da menos porque hay turismo y suele haber un mayor control policial», indica la presidenta de la asociación.

Los vecinos de la Macarena, a los tribunales por la inseguridad

El problema que está afectando ya al Casco Antiguo ha tenido un antecedente muy cercano, en el barrio de la Macarena. Allí, los vecinos vienen denunciando desde hace años lainseguridad e insalubridad que existe en la zona omo consecuencia de la numerosa presencia de indigentes en la zona que acuden a los distintos albergues y centros sociales. Tanto es así, que la mancomunidad ha encargado un informe a un perito acerca de la situación y han tomado la decisión de llevar el asunto a los tribunales para frenar esta deriva que, como publicó ABC, está provocando conflictos entre los propios vecinos porque no se ponen de acuerdo en las soluciones. El documento señala que se han llegado a producir agresiones con arma blanca y que el hecho de que el Ayuntamiento no está actuando.

Fuente: ABC

Redacción

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