¿Qué es el virus del Nilo, que ha contagiado a 18 personas en varios pueblos de Sevilla?

Se transmite a las personas por la picadura de mosquitos infectados y, aunque el 80% de los afectados no presenta síntoma ninguno, puede causar una enfermendad mortal del sistema nervioso en los seres humanos

La única amenaza vírica de este 2020 en Sevilla no es ya la del coronavirus SARS CoV-2. ABC de Sevilla ha confirmado que en stos momentos  hay 16 personas ingresadas (y un total de 18 afectadas), cuatro de ellas en la UCI, por meningoencefalitis vírica, posiblemente vinculados a la picadura del mosquito «aedes japonicus», que transmite la enfermedad del Nilo. 

El virus del Nilo preocupa especialmente en Coria del Río y La Puebla, los dos municipios afectados de momento por este virus, del que también se tiene conocimiento ya de  dos caballos afectados en las provincias de Cádiz y Huelva. Pero, ¿en qué consiste?, ¿cuál es su gravedad?

Puede causar una enfermedad mortal del sistema nervioso en los seres humanos. Sin embargo, casi el 80% de las personas infectadas no presentan síntoma alguno, según la información de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Se transmite a las personas principalmente por la picadura de mosquitos infectados y puede causar una enfermedad grave en los caballos. Hay vacunas contra la afección equina, pero aún no las hay para las personas.

Las aves son los hospedadores naturales del virus del Nilo Occidental. Por lo común, el virus se encuentra en África, Europa, el Oriente Medio, América del Norte y Asia occidental. Se mantiene en la naturaleza mediante un ciclo que incluye la transmisión entre aves y mosquitos. Puede infectar a los seres humanos, los caballos y otros mamíferos.

El virus del Nilo Occidental pertenece al género flavivirus y al complejo antigénico de la encefalitis japonesa, familia Flaviviridae.

Brotes epidémicos

El virus se aisló por vez primera en 1937 de una mujer del distrito del Nilo Occidental en Uganda. En 1953 se identificó en aves (cuervos y palomas) del delta del Nilo. Antes de 1997 no se consideraba patógeno para las aves, pero en esa fecha una cepa más virulenta causó la muerte de aves de diferentes especies que presentaban signos de encefalitis y parálisis. A lo largo de 50 años se han notificado casos de infección humana en muchos países del mundo.

En 1999, un virus del Nilo Occidental que circula en Túnez e Israel fue importado en Nueva York y produjo un brote epidémico amplio y espectacular que se propagó por todo el territorio continental de los Estados Unidos. La epidemia en ese país (1999-2010) puso de manifiesto que la importación y el establecimiento de microbios patógenos transmitidos por vectores en hábitat distintos del propio representan un grave peligro para el mundo.

Las epidemias de mayor magnitud se han producido en los Estados Unidos, Israel, Grecia, Rumania y Rusia. Los sitios donde se producen los brotes se encuentran a lo largo de las principales rutas de las aves migratorias. Anteriormente, el virus del Nilo Occidental era prevalente en toda África, partes de Europa, el Oriente Medio, Asia occidental y Australia. Desde su introducción en 1999 en los Estados Unidos, se ha propagado y establecido desde el Canadá hasta Venezuela.

Transmisión

La infección del ser humano suele ser el resultado de las picaduras de mosquitos que se infectan cuando pican a aves infectadas, en cuya sangre circula el virus durante algunos días. El virus pasa a las glándulas salivales del mosquito, que cuando pica puede inyectar el virus a los seres humanos y los animales, en los que luego se multiplica y puede causar enfermedad.

El virus se transmite también por el contacto con otros animales infectados o con su sangre u otros tejidos.

Se han producido unos pocos casos de infección en seres humanos por trasplantes de órganos, transfusiones sanguíneas y la leche materna. Se ha notificado un caso de transmisión transplacentaria de la madre al hijo.

Cuadro clínico

La infección por el virus del Nilo Occidental es asintomática en aproximadamente un 80% de las personas infectadas; en las demás puede causar la fiebre del Nilo Occidental o una afección grave.

Aproximadamente un 20% de las personas infectadas por este agente patógeno presentan la fiebre del Nilo Occidental, que se caracteriza por fiebre, dolores de cabeza, cansancio, dolores corporales, náuseas, vómitos y, a veces, erupción cutánea (del tronco) y agrandamiento de ganglios linfáticos.

Los síntomas de afección grave (también llamada enfermedad neuroinvasora, como la encefalitis o meningitis del Nilo Occidental o poliomielitis del Nilo Occidental) son dolores de cabeza, fiebre elevada, rigidez de nuca, estupor, desorientación, coma, temblores, convulsiones, debilidad muscular y parálisis. Se calcula que aproximadamente 1 de cada 150 personas infectadas llegan a padecer una afección más grave. Esta puede presentarse en personas de cualquier edad, si bien los mayores de 50 años y las personas con inmunodeficiencia (por ejemplo, pacientes que han recibido trasplantes) tienen el mayor riesgo al respecto.

El periodo de incubación suele durar entre 3 y 14 días.

Tratamiento y vacuna

El tratamiento de los pacientes con afección neuroinvasora consiste en medidas de sostén, tales como hospitalización, administración de líquidos por vía intravenosa, apoyo respiratorio y prevención de infecciones secundarias. No hay vacuna para los seres humanos.

Prevención

Como no hay vacuna, la única manera de reducir la frecuencia de la infección en los seres humanos es mediante la concienciación acerca de los factores de riesgo y la educación de la gente con respecto a las medidas que pueden adoptar para reducir la exposición al virus.

Los mensajes educativos de salud pública deben concentrarse en lo siguiente:

Reducir el riesgo de transmisión por los mosquitos. Las medidas para prevenir la transmisión deben centrarse inicialmente en la protección personal y comunitaria contra las picaduras de mosquitos mediante el uso de mosquiteros, repelente de insectos, uso de ropas de color claro (camisa de manga larga y pantalón) y evitar las actividades al aire libre en horas en que los mosquitos pican más. Además, los programas comunitarios deben alentar a las comunidades a destruir los criaderos de mosquitos en las zonas residenciales.

Reducir el riesgo de transmisión de los animales a los seres humanos. Hay que usar guantes y otras ropas protectoras cuando se manipulan animales enfermos o sus tejidos y durante las operaciones de matanza de animales.

Reducir el riesgo de transmisión por transfusión sanguínea o trasplante de órganos. Las restricciones a la donación de sangre y órganos y las pruebas de laboratorio para el tamizaje se deben considerar cuando hay brotes epidémicos en las zonas afectadas, una vez que se haya evaluado la situación epidemiológica local o regional.

Redacción

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