10 julio 2020

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Canal Sevilla-Bonanza: cuando la esperanza se queda en la maqueta

La resolución para construir una vía navegable paralela al Guadalquivir que permita el acceso de grandes buques cumple 55 años. ¿Qué ha sucedido con este cacareado proyecto?

El pasado 25 de febrero se cumplieron 55 años (1965) desde que se publicara la resolución para la ejecución del infructuoso canal Sevilla-Bonanza. Para los que no lo sepan, esta enorme obra hidráulica fue un proyecto del Puerto de Sevilla y de la Diputación para crear una vía navegable paralela al Guadalquivir que permitiera el acceso de buques de hasta 24.000 toneladas. De esta manera se evitaba tanto la servidumbre de las mareas como el dichoso calado y los peligros de la navegación en el río natural.

Pero, ¿qué es lo que ha sucedido con este cacareado proyecto que en todo este tiempo ha servido y sirve para mantener la llama de una ilusión por encima de impotencias e intereses? La historia es larga y jugosa.

¿ES ESTE CANAL EL PROYECTO ALTERNATIVO AL DRAGADO DEL RÍO GUADALQUIVIR?

Todo empezó en abril de 1953, cuando las autoridades hispalenses le presentaron al general Franco el proyecto. Ahogadas todas las voces sensatas, había nacido una nueva consigna, una pancarta que ondear en una Sevilla amenazada por el paro y la falta de industrialización.

Aunque desde el primer momento la idea cayó bien y fue encauzada en los discursos de las «fuerzas vivas», el canal nunca llegó, al menos en su rampante concepción, a convertirse en realidad. ¿Por qué? Entre muchas y poderosas razones, la más cruelmente irónica es que dicho proyecto ni contó con una adecuada presión en la propia Sevilla o provincias vecinas que se beneficiarían ni acabó de convencer en las altas esferas madrileñas.

A pesar de ello, y de haber estado durante ocho años en vía muerta bajo la apariencia de comisiones, trámites e informes dilatorios, en enero de 1961 el anteproyecto acabó siendo suscrito con un presupuesto de casi tres mil millones de pesetas. Sin embargo, en octubre de 1962 el gobierno decidió que fuese sometido a dictamen de la Comisaría del Plan de Desarrollo, que el 28 de diciembre puso en duda su rentabilidad, aunque no cerraba la puerta si se realizaba una industrialización de sus márgenes. Por primera vez de una forma oficial, la Administración central recelaba del canal Sevilla-Bonanza. Como complemento para no pillarse los dedos, en febrero de 1962 un informe extranjero descartaba el canal y sólo admitía que el mismo podría reconsiderarse «después de algunos decenios y derivado de un planteamiento global de desarrollo andaluz», aunque entretanto cabría construir una nueva esclusa y dársena, obras que se no se realizarían hasta 2010 y 1975, respectivamente.

Pero tal actitud de indefinición llega a sublimarse con la promulgación, el 16 de diciembre de 1964, de una ley sobre el canal Sevilla-Bonanza. No obstante, esta medida sólo fue una maniobra de distracción que sigue ocultando sus verdaderas intenciones: que el proyecto languidezca, sin traumas ciudadanos, hasta morir en el olvido. Y podríamos afirmar que 56 años después de su publicación lo ha conseguido, pues ya no menudean los discursos ni se exhiben pancartas exigiendo el canal, aunque, de vez en cuando, alguna institución reclama su ejecución. Ni la creación de la Comisión Administrativa del Canal Sevilla-Bonanza, ni siquiera el comienzo de las llamadas «soluciones cortas», disfrazadas bajo el concepto de «1ª fase» del mismo, o los millones de metros cúbicos removidos en las cortas de Los Olivillos (1971) y de la Isleta (1972), han sido suficientes para reanimar lo que ya claramente atufa a cadáver.

Pero no todo estaba perdido, ya que el 20 de diciembre de 1973 el presidente del Gobierno, Carrero Blanco, tenía una cita con una delegación sevillana, la cual le iba a presentar el proyecto con la maqueta de la zona industrial instalada a ambas márgenes. Pero la reunión no pudo celebrarse, pues un explosivo terrorista no sólo acabó con la vida del almirante, sino que segó la última esperanza de realización del canal.

A la mala suerte se sumó la crisis energética de 1973 y la situación de inestabilidad político-social del régimen de los siguientes años. El desairado proyecto había recibido la puntilla.

Desde entonces han pasado 67 años y nada del mismo se ha hecho, pues con el final de la dictadura y la instauración de la democracia se instaló un nuevo talante de rigor político-económico incompatible con la megalomanía de esta idea franquista. Pero este proyecto, fríamente rebanado, aunque oficialmente no difunto, sigue ahí inmóvil.

Sólo falta por saber una cosa para que este culebrón entre Sevilla y el Estado se cierre: ¿por qué no se deroga la ley aún vigente y se proclama públicamente que el canal Sevilla-Bonanza ha muerto? ¿Es dicho proyecto la alternativa al dragado del río Guadalquivir?

Fuente: Diario de Sevilla