El espectacular hallazgo del cementerio faraónico de Saqqara: 59 sarcófagos intactos

La colección de ataúdes, perteneciente a sacerdotes y notables de la sociedad faráonica, había permanecido sellada y enterrada en una serie de pozos de la necrópolis durante 2.500 años

En el árido terruño que rodea la pirámide escalonada de Zoser, allá donde comenzó la fiebre de las pirámides, un universo subterráneo litiga aún por abrirse camino hacia la luz pública. Una madeja de pozos verticales, túneles y pasadizos que se extiende por kilómetros y que este sábado ha comenzado a deshilvanar uno de sus tantos misterios. La última campaña de excavaciones ha rescatado de sus entrañas 59 sepulturas intactas.

El tesoro de sarcófagos de madera, de distintos estilos, policromías y tamaños, permaneció a buen recaudo durante los últimos 2.500 años, ajeno a la voracidad de los ladrones. «Es un hallazgo realmente importante porque se encuentra a la sombra de la pirámide escalonada, cerca de las tumbas de un conocido embajador que firmó el tratado de Ramsés II con los hititas, de la niñera de Tutankamón y de un primer ministro de Amenhotep III», ha reconocido a EL MUNDO el mediático Zahi Hawass, ex ministro de Antigüedades de Egipto, tras asistir a una multitudinaria rueda de prensa que, jalonada de la fanfarria habitual, ha servido para anunciar el último descubrimiento de una necrópolis situada a unos 50 kilómetros de la actual aglomeración urbana de El Cairo.

Bajo una carpa, para mitigar el sol aún caluroso del octubre egipcio, las autoridades han presentado en sociedad a 26 de los ataúdes desenterrados por una misión local que inició su campaña el pasado agosto. «En la zona que hace dos años localizamos una colección de animales momificados, detectamos el acceso a un pozo de 11 metros de profundidad en el que se habían depositado 59 sarcófagos intactos», ha detallado Hawass, escoltado por los ataúdes que acaban de emerger tras milenios de descanso y que son el primer anuncio arqueológico desde el inicio de la crisis del Covid-19.

El descubrimiento ha ido desvelando sus enigmas a cuentagotas, al ritmo que se inspeccionaban hasta tres pozos similares. «Primero localizamos 13 sarcófagos intactos y luego otros 14. El pasado jueves, cuando ya estaba preparada esta rueda de prensa, dimos con una puerta de madera tras la que se escondía otro puñado de ataúdes. Pensamos en cancelar el acto pero la orden final fue que habrá tiempo de anunciar los nuevos detalles en las próximas semanas», ha reconocido Mustafa al Waziri, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades.

«Hay capas y capas de sarcófagos», ha lanzado a modo de advertencia el ministro de Antigüedades, Jaled al Anani. «Se encuentran en buen estado de conservación y aún conservan sus colores originales», ha aseverado Al Anani, que ha presidido con boato la apertura de dos ataúdes ante una cascada de cámaras y reporteros. Tras la preparada intriga, dos funcionarios han retirado la tapa y una momia envuelta en lino y tallada de jeroglíficos ha roto con dos milenios de retiro. «Por lo que estamos leyendo aquí se trata de un hombre que se llamó Psamético, un nombre muy habitual en aquella época», ha explicado el ministro.

Un investigador restaurado una de las momias halladas
Un investigador restaurado una de las momias halladasFrancisco Carrión

El examen preliminar, que proseguirá en el laboratorio, indica que los ataúdes recuperados datan de la dinastía XXVI y pertenecen a un grupo de sacerdotes, estadistas de alto rango y personajes prominentes de la sociedad faraónica. «Su destino final es el Gran Museo Egipcio, donde será exhibido en la sala opuesta a la dedicada al escondite de Al Asasif, hallado el año pasado en Luxor y formado por 32 ataúdes sellados de miembros del clero durante la dinastía XXII», ha añadido Al Anani.

Junto a la inacabada procesión de sarcófagos, cuya identidad resulta aún un enigma, la expedición también ha desempolvado 28 estatuas, en su mayoría, del dios funerario Ptah-Sokar-Osiris, el principal de Saqqara. La joya es, no obstante, una representación en bronce de Nefertum, un destacado dios del panteón egipcio vinculado al nacimiento de sol. La efigie de 35 centímetros presenta a la deidad como un hombre coronado con una flor de loto hecha con bellas incrustaciones de ágata roja, turquesa y lapislázuli. El pedestal guarda aún el nombre de quien fuera su propietario, un tal «Badi Amun», que debió vivir también durante la dinastía XXVI.

El mismo páramo que ahora recupera parte de su historia sepultada alumbró hace dos años las momias de dos escarabajos, las primeras de la que se tiene constancia en el antiguo Egipto, junto a decenas de gatos momificados que hallaron sepultura en el principal complejo funerario de Menfis, la primera capital de Egipto. «Los ataúdes descubiertos ahora nos contarán más sobre la momificación y sus creencias religiosas alrededor del 500 a.C-. Pero esto es solo el comienzo. Solo hemos encontrado el 30 por ciento de lo enterrado en Saqqara», ha señalado Hawass, feliz por desenmarañar la madeja. «Para un arqueólogo, bajar por un pozo en busca de tesoros como éstos es una pasión difícil de describir».

Fuente: El Mundo

Redacción

Next Post

Sicab 2020 se adelantará a octubre con aforo limitado

Dom Oct 4 , 2020
El Salón Internacional del Caballo se celebrará del 7 al 11 y del 13 al 18 de octubre La Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española (Ancce) celebrará en el año 2020 el Salón Internacional del Caballo, del 7 al 11 y del 13 al 18 del próximo mes de […]