El nuevo curso en las guarderías de Sevilla: un búnker lleno de juguetes

Las aulas burbuja se convierten en la principal novedad de las escuelas infantiles para reducir el número de contactos entre los menores

Pasan las once de la mañana en la escuela infantil Chicle, de Mairena del Aljarafe. Su directora, Laura Encuentra, está algo nerviosa. Es la primera vez que recibe a medios de comunicación en este centro que se inauguró hace siete años. A él acuden 87 niños. Hoy es el primer día de clase. Un arranque que se vive con más incertidumbre que nunca, tanto por el personal que en la guardería trabaja como por los padres, quienes no esconden su temor ante un posible contagio o por el devenir de la pandemia del Covid.

A las familias les tranquiliza las medidas de seguridad que la escuela infantil ha establecido y de las que han sido informadas las últimas semanas. Cumplen con las instrucciones que la Junta ha dado para esta etapa. Los padres no pueden entrar en ningún momento en el edificio. A él sólo tienen acceso los menores y los trabajadores, una plantilla que se ha visto incrementada con tres auxiliares más para hacer frente a los requisitos de higiene y seguridad.

Una vez en el interior, los niños se desprenden de sus zapatos para que el suelo, por el que suelen gatear los de menor edad, se encuentre perfectamente limpio. En cada acceso hay un bote de gel hidroalcohólico, colocado a una altura elevada para que los alumnos no lo alcancen, ya que su uso sólo está contemplado en estas instalaciones para los adultos. “A los menores de tres años sólo se les limpia las manos con agua y jabón”, refiere Laura Encuentra, quien afirma que en verano no se ha dejado de trabajar para tenerlo todo a punto este día.

Los padres llevan a sus hijos a la guardería manteniendo la distancia de seguridad.
Los padres llevan a sus hijos a la guardería manteniendo la distancia de seguridad. / JOSÉ ÁNGEL GARCÍA

Uno de los aspectos más importantes en la organización de las guarderías para hacer frente al coronavirus es el de los grupos de convivencia, también llamados aulas burbuja. En esta escuela hay tres, agrupados por edad: uno con ocho bebés; otro con 13 niños de entre uno y dos años; y un tercero con 20 alumnos entre dos y tres años.

Cada uno de estos grupos cuenta con un tutor que no se mezcla con otros grupos. Al igual sucede con los menores que lo integran, lo que facilita que, en caso de contagio, el rastreo se ciña a un ámbito muy concreto. Esta posibilidad permite que los niños puedan jugar entre sí sin tener que guardar la distancia de seguridad ni usar la mascarilla, que sólo es obligatoria a partir de Primaria.

Dos niñas disfrutan de una casa de plástica instalada en el patio de la escuela infantil Chicle.
Dos niñas disfrutan de una casa de plástica instalada en el patio de la escuela infantil Chicle. / JOSÉ ÁNGEL GARCÍA

También harán uso por separado del recreo y de los pasillos, para evitar que los de uno y otro grupo se mezclen. Cada día, al terminar de prestarse el servicio, se desinfectarán los juguetes. A ello hay que sumar que se han habilitado dos accesos, uno para los niños de 0 a 2 años y otro, para los de 2 a 3. Unas medidas que, a la postre, suponen para los propietarios de esta guardería mil euros más de gasto al mes.

Fuente: Diario de Sevilla

Redacción

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