El pasado de la Macarena: ruta por la tradición obrera del barrio sevillano

La zona norte de Sevilla fue escenario de cambios industriales que ahora pueden explorarse en un recorrido nocturno

El barrio de la Macarena es uno de los lugares donde mejor se puede saborear las transformaciones industriales que sufrió Sevilla finales del siglo XIX y principios del XX. En un recorrido diurno o nocturno podemos adentrarnos en el mundo industrial, convirtiendo la arquitectura y la atmósfera en elementos de escenas que parecen sacadas de una máquina del tiempo: metal, ladrillo, sudor, madera y humo. 

Parada en la calle Feria 

Nuestro punto de partida se ubica en la Plaza de San Marcos. Desde allí, nos dirigimos hacia la calle San Luis, desde donde partimos hacia San Julián. La calle Feria, con la tradición artesanal aún presente en sus establecimientos, es una de las últimas paradas antes de llegar alArco de la Macarena, donde el recorrido llega a uno de sus climax. Los restos de antiguas fábricas, leyendas y anécdotas sobre el trabajo en ellas y, sobre todo, los cambios sociales y urbanísticos que provocó la actividad industrial en la zona son sus mayores atractivos: alejada de los grandes monumentos, pero adentrándose en los testimonios de un barrio obrero. El sector norte de la Sevilla del siglo XVIII, que se correspondía con el antiguo arrabal extramuros de Macarena, fue una de las zonas con más impulso obrero. Se construyeron fábricas, talleres y almacenes, pero también viviendas para los obreros y los propietarios de los negocios.

Toda una revolución urbana que cambió la fisonomía de la Macarena, y que ha dejado tesoros patrimoniales dignos de conocer: fábricas de vidrios, de sombreros, de madera, de perdigones e, incluso, de seda, se integraban en del paisaje de la zona norte. Una de los edificios que encontramos en esta ruta es el de la Fábrica de Harinas y Galletas de Nuestra Señora de la Esperanza, situada en la calle Torres. Con una llamativa fachada de corte regionalista, cerró sus puertas en los años cincuenta, dejando paso a una empresa de maderas y, más tarde, a un solar de viviendas. En todos los cambios permaneció inalterable el retablo y el rótulo cerámico que coronan la entrada y que se han convertido en un símbolo. El recorrido nocturno permite rememorar cómo se vivía en un barrio cuya rutina giraba en torno a los turnos fabriles, la artesanía y una población obrera que transformó las calles de la Macarena.

Fuente: ABC

Redacción

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