La población anciana a su médico rural: «No me mande al hospital, por favor»

Los pueblos más pequeños de la provincia de Sevilla se han amoldado más rápidamente que el resto a las medidas adoptadas desde que se decretase el estado de alarma hace ya más de dos semanas. Y lo ha sido por pura estadística. 

A menor población, más control por parte de las autoridades locales, que, si bien poseen menos recursos que otros municipios mayores, han podido concienciar más rápidamente a su población, en especial a los más susceptibles de ser atacados por el coronavirus, los ancianos, para que permanezcan recluidos en sus hogares.

Entre todos los habitantes de estas cinco localidades sevillanas apenas alcanzan los siete mil vecinos, una población similar a Montellano (7.056), Benacazón (7.241) o Villanueva del Ariscal (6.610), según el último padrón del INE. 

El índice de senilidad —deterioro físico y mental que tiene lugar en el proceso de envejecimiento— de estos cinco pueblos ronda el 20%. En Cañada Rosal hay 559 personas que tienen más de 65 años; Castilleja del Campo acumula 119, Algámitas, 258; Lora de Estepa, 165; y El Garrobo, 146.

Cañada Rosal

Uno de los sanitarios que conoce mejor a sus pacientes es Ángel López, médico de familia, que trabaja en el consultorio de Cañada Rosal desde hace tres décadas. Este médico rural, como prefiere que se le llame, es uno de los tres galenos —junto con otros tres enfermeros— que vigilan por la salud de los carrosaleños. «La población mayor confía más en nosotros. Se trata de una población que cumple con el confinamiento a rajatabla. Nadie sale de sus casas y si hay algún problema de salud, los atendemos por teléfono», explica este médico que es muy dado a usar las redes sociales para concienciar a la población y que acaba de ser nombrado «médico ilustre de la provincia» por el Colegio de Médicos de Sevilla.

«Los conozco desde hace treinta años y me dicen que están muy asustados por el coronavirus. Muchas veces me acerco a las ventanas de sus casas y paso revista para preguntarles cómo lo están sobrellevando. En general están muy asustados y no paran de decirme que no quieren que los mande al hospital. Ellos quieren seguir aquí. Tenemos una población muy anciana que tiene miedo social por lo que ve en los medios». 

Y lo hace con su bicicleta, medio con el que se desplaza a diario para los avisos que vayan surgiendo. Recuerda López que Cañada Rosal cuenta con una residencia de mayores gracias a la labor solidaria de los vecinos que facilitaron su construcción y donde residen en la actualidad 31 personas, «de aquí, pero también de Écija y de La Luisiana. Por ahora están todos bien. No tenemos ningún caso de contagio». 

Castilleja del Campo

En el consultorio de Castilleja del Campo, un médico y un enfermero se encargan de la salud de sus vecinos. El galeno Victoriano Macíasexplica a ABC que tenemos «habilitada una puerta lateral del centro donde atendemos a los pacientes para evitar el mayor número posible de contacto en el interior. La comunicación con ellos, excepto en los casos más graves que vienen hasta aquí, los atendemos a diario por teléfono, así que las consultas normales las hacemos vía telefónica y las más urgente, o se atienden por la puerta exterior o bien, las más urgentes, las hacemos pasar al interior del consultorio».

Victoriano Macías, al igual que Ángel López, conoce bien a sus poco más de seiscientos habitantes, puesto que lleva al frente del consultorio desde hace catorce años. Anteriormente, trabajaba en el centro de salud Huerta del Rey de Sevilla capital, pero «cuando salió la plaza no me lo pensé, sobre todo sabiendo que vivo en Carrión de los Céspedes, a dos kilómetros del trabajo. Y aquí sigo desde entonces».

«Tenemos una población envejecida muy importante con los problemas típicos de la edad, como la diabetes, problemas cardiovasculares, pero afortunadamente no tenemos a nadie contagiada por el coronavirus. Tan sólo una persona permanece en aislamiento domiciliario, pero sin criterios epidemiológicos, sino por precaución porque tosía un poco. Por lo demás, todo perfecto».

Algámitas

Por su parte, Francisco Álvarez, médico del consultorio de Algámitas, confirma que entre los habitantes de este pequeño municipio de la Sierra Sur sevillana «no hay ningún caso de contagio por coronavirus. La gente aquí lo está haciendo muy bien, quedándose en sus casas. No damos abasto. Eso sí, seguimos atendiendo otros problemas que no son solo del coronavirus. A mis pacientes los visito a diario y están todos muy sanos», recuerda con alegría cuando se le pregunta por el estado de la población más envejecida. 

«Si los manda al hospital por cualquier otra patología hay que mantenerlos luego en cuarentena en sus casas, como recoge el protocolo», reconoce Álvarez, quien trabaja codo con codo con el otro sanitario del consultorio, Rafael, enfermero de Utrera que «va y viene a diario» a Algámitas. «Me gustaría que recogieras que nos faltan guantes y mascarillas», puntualiza antes de dar por finalizada esta conversación.

Lora de Estepa

En Lora de Estepa, el médico que está al frente del consultorio es Salvador Prieto, quien trabaja allí desde hace una década, junto a su compañero Emilio, un enfermero que lleva allí desde hace 30 años. En este pueblo sevillano de la Sierra Sur las consultas «las pasamos por teléfono cada día para hablar con ellos y conocer cómo están». 

Según ha podido conocer ABC, en Lora de Estepa hay dos casos confirmados que han dado positivo por el coronavirus. Se trata de dos mujeres de mediana edad que se encuentran ingresadas en el Hospital Comarcal de Osuna, además de otra que se encuentra en aislamiento domiciliario «a la que llamamos a diario para ver su evolución», recuerda el médico en este caso particular. 

«Estos días sólo atendemos los pocos casos que nos llegan, porque las consultas programadas están suspendidas. Eso sí, al ser un pueblo muy pequeño llamamos a todos los pacientes por teléfono, la mayoría para hablar con ellos y que no se sientan solo».

El Garrobo

María Nieves Fernández es la responsable médica del consultorio de El Garrobo, quien reconoce que «se llama a diario a los pacientes para hacerles un seguimiento, no es que estén graves, pero sí nos interesamos por su evolución». Se refiere así a los trece vecinos que se encuentran en aislamiento preventivo domiciliario, algunos con un simple inhalador pero «así protegemos a la población». 

En El Garrobo «pasa lo mismo que en el resto, tenemos las mismas limitaciones que muchos centros. No hay material específico. Sí hay guantes y una mascarilla FFP2 que la solemos reutilizar, un par de mascarillas quirúrgicas que solemos esterilizar y varias mascarillas que nos han hecho de tela por parte de vecinos e instituciones de manera solidaria».

Esta médico que lleva trabajando aquí desde hace seis años reconoce que «los vecinos tienen a su disposición los dos teléfonos por las mañanas para que nos llamen ante cualquier duda. Es más, no sólo les pongo cara a cada uno de mis pacientes, sino que además sé hasta dónde viven. En un pueblo, la historia es muy diferente a cómo se puede vivir en la ciudad, sobre todo con los ancianos que están solos. Hay que estar muy encima de ellos para que no se sientan solos, sobre todo porque nos dicen que por favor no les mandemos al hospital», concluye.

VIA: ABC

Redacción

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