El volcán de La Palma se apaga

Vista del volcán de Cumbre Vieja en erupción, en la isla canaria de La Palma, el 19 de septiembre de 2021.

Después de 85 días de actividad, 7.000 personas desalojadas de sus casas y 1.241 hectáreas sepultadas bajo la lava, este 25 de diciembre los palmeros han recibido el regalo de Navidad que más anhelan: el fin de la erupción del volcán de La Palma. Los científicos de Pevolca han certificado este sábado la finalización de la erupción volcánica, pero no así el fin de la emergencia, ya que ahora  comienza el Plan de Reconstrucción de las zonas afectadas por la lava. Aunque el mismo grupo de expertos ha pedido calma: el volcán podría volver a despertar en cualquier momento.

La erupción más larga de la historia desde que la Isla Bonita tiene datos comenzó el pasado 19 de septiembre. 8 días antes se activó la alerta volcánica, aunque ni los mejores vulcanólogos podían vaticinar lo que estaba por venir. Aquel domingo, una fuerte explosión resonó en la zona de Cabeza de Vaca. Allí surgió un nuevo cono volcánico del que comenzaría a brotar lava y cenizas tras 50 años de inactividad. Su nombre -extraoficial- se recordará durante generaciones: el volcán de Cumbre Vieja.  

24 horas más tarde, Reyes Maroto, la ministra de Industria, Comercio y Turismo, envió un mensaje de tranquilidad y animó a los turistas a que visitaran la isla para «ver este espectáculo tan maravilloso de la naturaleza».

No obstante, el volcán tenía otros planes para La Palma y en los días siguientes nuevas bocas eruptivas se abrieron en el flanco sur formando lenguas de lava que avanzaban con virulencia. Las toneladas de magma se deslizaban por la cordillera sepultando todo lo que encontraban a su paso: casas, establecimientos, cosechas plataneras… En total, 2.988 construcciones quedaron destruidas y 3.039 sufrieron daños en estos tres meses de actividad, de acuerdo con el catastro.

Para entonces, la noticia ya ocupaba las primeras páginas de los periódicos nacionales, que junto a otros medios provenientes de muchos países aterrizaban en la isla desplegando una cobertura informativa como pocas veces se ha visto. 

Tras 10 días manando sin descanso, la lava llegó al mar dejando una de las imágenes más icónicas hasta la fecha. El magma se zambullían paulatinamente en el océano Atlántico dibujando una nube blanquecina en el cielo. 

Pronto, la erupción del volcán de La Palma pasó a convertirse en un problema de Estado, que el pasado de 3 de octubre llevó al Gobierno de Sánchez a presentar un plan de ayudas estimado en 200 millones de euros. Esta solo sería la punta de lanza de un despliegue de solidaridad repleto de ropa, mantas y enseres donados por parte de la ciudadanía. Fue tal la movilización que el director técnico del Plan de Prevención del Riesgo Volcánico, Miguel Ángel Morcuende, pidió a la gente dejara de enviar bienes ante el riesgo de bloquear los barcos que transportan artículos a la isla.

Un mes más tarde, el volcán dejó la primera y única víctima mortal, cuyo accidente sigue bajo investigación. Se llamaba Julio A.C. y era un hombre de 72 años que participaba en una de las cuadrillas autorizadas por los agentes para alimentar al ganado y limpiar las cenizas de las viviendas. Horas después de la expedición, personas cercanas a la víctima se percataron de que Julio no había salido de la zona de exclusión y un dron observó desde alturas que una de las casas de la zona presentaba un agujero en el tejado. Al llegar al lugar, se halló el cadáver del hombre desaparecido.

Desgraciadamente, aquel fatal accidente solo representa el más trágico suceso de una la larga lista de consecuencias de lo que algunos consideran el peor desastre natural en España desde que existen datos. En números, la Consejería de Hacienda, Presupuestos y Asuntos Europeos del Gobierno de Canarias remitió al Ejecutivo central unas pérdidas totales de 842,33 millones de euros en su último informe del 4 de diciembre.

LA UME vigila la colada del volcán de Cumbre Vieja.
Científicos avisan del riesgo por gases: la zona de exclusión en el volcán de La Palma «no es un capricho»

A ello, se suma una amenaza que llevará tiempo exterminar y es prácticamente invisible: los gases tóxicos. Recientemente, la Unidad Militar de Emergencias (UME) ha asegurado que existe «una masiva presencia de gases letales» en la zona de exclusión del volcán, capaces de«provocar la muerte de una persona en solo 30 minutos».

En estas condiciones, y bajo la declaración de emergencia todavía vigente, un día tan especial como este sábado, 25 de diciembre, comienza el verdadero reto: hacer que La Palma resurja de sus cenizas y vuelva a convertirse en la Isla Bonita que ha sido siempre.

Fuente: 20 Minutos

Redacción

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