LOS “RECORDADOS” DEL GERIÁTRICO ABANDONADO DE ALCALÁ, por Jesús García Jiménez

Normalmente la vida es más sencilla o difícil de lo que todos pensamos, y no tenemos tiempo para elucubrar sobre la posibilidad de seguir existiendo más allá del momento donde nuestro cuerpo diga “basta”, y fallezcamos. Pero a veces nos preguntamos si todo esto, lo que vemos y nos rodea, las emociones compartidas y guardadas, los momentos vividos con los que nos importan, son los últimos que viviremos, que disfrutaremos. Y ahí cabe esa pregunta, de forma más o menos fugaz dependiendo de quien se la haga.

Yo también me la hago, muchas veces. Pero prefiero buscar la respuesta fuera de mi mente, de mis creencias, de mis enseñanzas y, a veces, de mi lógica. Por eso, en mis ratos libres, me dedico a buscar una respuesta a una pregunta: ¿Hay vida más allá de esta vida que tengo, que tenemos? Y en esa búsqueda de vez en cuando me tropiezo con lugares donde parece que la lógica y la física rompen sus normas durante algunos momentos, para mostrarme un mundo distinto donde las cosas que ocurren no son racionales. Por supuesto que hay lugar para la suspicacia, y para la controversia, y para pensar que lo vivido no es sino fruto de nuestra imaginación. Cada cual tiene sus creencias, pero a veces los datos son irrefutables aunque no queramos creerlos, aunque nos resistamos a darle veracidad sin más argumento que el miedo a que sea verdad lo que estamos viendo u oyendo, a que tengamos que replantearnos en mayor o menor grado la razón de nuestra efímera existencia.

Uno de esos lugares es, quizá, el que más he visitado por sus características. Si, ya sé que es un lugar abandonado, y que parece que las actividades parapsicológicas sólo se obtienen en estos sitios, pero no es del todo cierto. Hay muchos fenómenos extraños que ocurren en nuestro hogar, o en el del vecino, o en el de un amigo… pero no se habla abiertamente por el mayor y más dañino de los miedos: al ridículo. Qué pena que no entendamos una cosa: quien se mofa de lo que vivimos y por lo tanto, creemos, se mofa de las propias creencias que él o ella misma pueda tener más allá de las leyes de la física que nos rodean. Continúo. Ese lugar está en la localidad de Alcalá de Guadaíra, y aunque los datos que hemos recopilado sobre la historia del edificio son pocos, porque casi nadie quiere hablar con personas que “creen en los espíritus”, hemos podido hacer algo con las pocas piezas del puzzle histórico encontradas. Al parecer se trata de un geriátrico militar abandonado, que estuvo activo hasta la década de los 80 del siglo pasado y, lo más importante, un lugar donde el dolor iba más allá del propio sufrido por los achaques de la edad. Si, lo que se están imaginando: vejaciones y malos tratos de todo tipo que recibieron sus internos, según siempre lo que nos han contado las pocas personas que han hablado con nosotros . ¿Porqué este dato tan escabroso es importante para nosotros? Bueno, por lo que hemos registrado en nuestros instrumentos de grabación, y lo que han sentido las personas que nos han acompañado tanto para participar como para observar los experimentos que hemos venido realizando a lo largo de los años en este lugar. Pero mejor exponemos ejemplos más ilustrativos sobre lo ocurrido.

¿Cómo llegamos hasta este lugar? ¿Alguien vivió alguna experiencia extraña, lastimera, y contactó con nosotros? No. Fue por casualidad, y me explico. Íbamos buscando precisamente otro edificio en la localidad, cuando por error nos tropezamos con éste. Lo estuvimos revisando por curiosidad, pero sin dejar nuestras costumbres como investigadores. Pusimos una grabadora de audio en uno de los muros bajos, y estuvimos deambulando por el lugar para reconocerlo con luz del día. La zona está alejada del núcleo urbano, y aunque hay otras edificaciones cerca, no suponen una interferencia clara sobre la recogida de información auditiva en el sitio. Lo digo porque, cuando estuvimos más tranquilos y en la seguridad de nuestras casas revisando esa grabación de audio, se oyó un lamento muy lastimero, pero claro. Y nadie había hecho siquiera esa broma, ya que vamos y actuamos en consecuencia con lo que hacemos en todo momento. Aunque somos bromistas como todo hijo de vecino, en esos casos nos mueve más la responsabilidad y la oportunidad de conseguir una prueba más que nos lleve hasta nuestra meta en la investigación de actividades parapsicológicas, extrañas si lo prefieren.
¿Quién podría haber estado casi llorando, sollozando cerca de nuestra grabadora? Al día siguiente volvimos al lugar para revisar el entorno y, por supuesto, el lugar exacto donde se puso aquella grabadora. Teníamos que descartar en la medida de lo posible cualquier interferencia que explicase aquel lamento, y tanto en la revisión del lugar como del sitio exacto donde pusimos la grabadora no pudimos observar nada que nos hiciera pensar en la posibilidad de que ese lamento fuera de origen físico. Y el análisis de dicho audio por parte de nuestro programa informático, nos daba un rango de frecuencia raro, poco similar a la voz humana. La historia paranormal del sitio había comenzado.

Varios años ya como dijimos al principio son los que nos ha visto visitar este lugar. Y en casi todas las ocasiones el fenómeno extraño aparece, para dejarnos con más preguntas que respuestas, pero la sensación siempre de estar acompañados en todo momento. Una de esas experiencias extrañas la obtuvimos durante un evento organizado para que, cualquier persona que quisiera, pudiera acompañarnos y ver cómo realizábamos los distintos experimentos para captación de información no física. En aquella noche casi lluviosa, algo más de 50 personas nos acompañaban y fueron divididas en varios grupos, llevando cada uno de ellos como guía un miembro de nuestro equipo. Las premisas previas eran claras: aunque se trataba de una visita más lúdica que de estudio, no podíamos dar información relevante a los acompañantes para ver si había alguna reacción emocional que fuera achacable a la posible impronta energética del lugar, y así guardar esa reacción para compararla con el resto de información que se obtuviera en futuras visitas para recopilación de datos. Y llegó la sorpresa: casi al mismo tiempo, dos personas de dos grupos distantes entre sí dentro del lugar necesitaban ausentarse y tomar un poco el aire. ¿La razón? Una profunda sensación de tristeza que les había invadido. Pero instantes antes, varias personas se habían preocupado por unos sollozos lejanos, leves, y nos preguntaban si alguna de las personas que estaban realizando esa experiencia, en alguno de los grupos, estaba llorando. Obviamente no era así.

No han sido los únicos fenómenos allí registrados, ni han sido sólo este tipo de lamentos en grabación realizada por un soporte digital. En este lugar han ocurrido otros hechos no menos significativos, tanto vividos en primera persona como registrados por los elementos técnicos que usamos para su recopilación: numerosas voces que, en ocasiones, parecen llamar a personas desconocidas, sombras que parecen ocultarse rápidamente una vez que las descubrimos, interacciones con elementos electrónicos creados para este tipo de pesquisas… muchos son los fenómenos que ya se registran y se siguen registrando. Lo peor son las sensaciones; en numerosas ocasiones las personas que estamos allí llevando a cabo numerosos experimentos, somos “tocados” por algo invisible, como si quisieran avisarnos de su presencia, como si desearan buscar alguna forma de consuelo en nuestra presencia.

¿Porqué? ¿Qué mueve a que esa actividad siga allí encerrada? ¿Qué quieren de nosotros, en el caso que sean entidades inteligentes, pero con otra forma de existencia? Aún no lo sabemos, pero si podemos asegurar que cada vez son más los datos registrados y recogidos, cada vez es más el celo con el que realizamos los experimentos para que nada perturbe la obtención de esa impronta de procedencia desconocida, para que nada físico pueda dar al traste con ése audio conseguido y que pueda servir como acicate para explicar lo inexplicable. Si hay alguna entidad encerrada en aquel lugar, que para nosotros y en vista de lo vivido las hay, no podemos ayudarla, pero si podemos servir de voz para manifestar lo que allí ocurrió. Seguiremos investigando e informando.

Jesús García Jiménez – colaborador en La Noche Más Hermosa de Canal Sur Radio. Director del programa Al filo de lo Real, de Radio Betis. Divulgador e investigador de fenómenos parapsicológicos.

Redacción

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