Pasar de curso es más fácil en todos los niveles: de la ESO a la universidad

Las últimas reformas educativas impedirán repetir en ESO, permitirán ir a Selectividad con un suspenso y entrar en los máster universitarios con el TFG y materias pendientes

Imagen de archivo en el interior de un aula – ABC

Se está rebajando el nivel de exigencia para aprobar en todos los niveles educativos. Lo dice el director de un colegio de Sevilla pero es algo en lo que coinciden también algunos profesores cuando se sube escalones y se llega a la universidad: los alumnos cada vez llegan peor formados a los campus. En realidad se refieren a las últimas reformas educativas que parecen estar poniéndoselo más fácil a los estudiantes. Porque desde la ESO a la universidad cada vez es más posible ir pasando de curso sin necesidad de repetir y eso se nota cada vez más en la formación con la que llegan los estudiantes.

La última reforma del sistema educativo emprendida por el Gobierno de Pedro Sánchez, el proyecto de Real Decreto que regulará la evaluación y promoción de Primaria, ESO y Bachillerato, se lo pone cada vez más fácil a los estudiantes. En la Secundaria se eliminan los exámenes extraordinarios (los de recuperación) y la posibilidad de repetir curso se considera una medida extraordinaria. Con lo cual los estudiantes podrán promocionar de curso con asignaturas pendientes. «El nivel de los que llegan a la universidad es cada vez menor. Las reformas perjudican sobre todo a los estudiantes de la pública», dice Andrés Rodríguez Benot, catedrático de la Pablo de Olavide 

Y en el Bachillerato, lo que más ha indignado a los directores de centros es que se permite que los estudiantes puedan examinarse de Selectividad con una asignatura pendiente. A ello se une que en la Universidad de Sevilla, como en el resto de España, están preparando ya la regulación para permitir acceder a los máster (la continuación de la formación con el Trabajo Fin de Grado y algunos créditos pendientes. En realidad esas facilidades están pensadas para los estudiantes de las titulaciones más complejas como Ingeniería y Arquitectura, pero suponen un añadido más que abre el debate sobre la calidad de la formación.

¿Se está devaluando la educación en todos los niveles? El catedrático de Derecho Internacional de la Universidad Pablo de Olavide, Andrés Rodríguez Benot, lo está notando: «El nivel formativo de los alumnos que llegan a la universidad es cada vez menor, se aprecia claramente», dice. De hecho el catedrático recalca que las leyes de educación (en todo los niveles) están perjudicando sobre todo a los estudiantes de la enseñanza pública, que ven disminuidas sus posibilidades de progreso personal, académico y profesional en contraste con los de la enseñanza privada que pueden combatir con otros medios.«Se persigue y se penaliza al profesorado que no aprueba para maquillar las estadísticas», sostiende Juan Antonio Bravo, presidente de Apia.

Entre las causas que encuentra este profesor está el hecho de que los estudiantes por lo general lean poca literatura y también considera que las redes sociales están influyendo de manera negativa. Pero, en cualquier caso, lo tiene claro: «las sucesivas reformas educativas en España empeoran la formación una tras otra»

Por ello considera que esas reformas «supuestamente progresistas son regresivas para las clases menos favorecidas, que ven mermadas sus posibilidades de avanzar social y profesionalmente».

«Frente a la relajación de la exigencia, los que dedicamos la vida a la enseñanza estamos a favor de premiar el esfuerzo y la superación, única forma contrastada de progreso y de igualdad», sostiene el catedrático.

En parecidos términos se expresa el decano de Derecho de la Universidad de Sevilla, Alfonso Castro, que considera que esa pérdida de nivel se está produciendo en todos los niveles educativos. «Es como si exigir un esfuerzo real fuese realmente inaceptable», dice Castro, para quien «no hay nada verdaderamente importante que no cueste esfuerzo». De hecho, para el decano de la Hispalense, lo que está ocurriendo es que la mayoría de los estudiantes se conforman a veces con «tocar las cuestiones, no con dominarlas».

«Rebajar la exigencia es un engaño al alumno al que se envía a Selectividad sin posibilidad de sacar nota para acceder a la carrera», afirma Rafael Caamaño, presidente de Cece»

Esa sensación de que se tiende a una menor exigencia también se percibe entre los docentes de Secundaria y Bachillerato. Según la Asociación de Profesores de Instituto, Apia, hay un alto nivel de «frustración» entre los docentes que ven su labor como enseñantes desprestigiada, mientras les endosan tareas burocráticas que nada tienen que ver con su especialidad profesional.

De hecho, ellos argumentan que hay muchos profesores muy implicados en conseguir buenos niveles de enseñanza y «se producen muy buenas experiencias educativas fruto del trabajo diario de los docentes», según Juan Antonio Bravo, portavoz de APIA. Sin embargo, a su juicio, la administración prefiere centrarse en «proyectos que se ponen de moda» y que no tienen el aval de la experiencia, pero que «quedan bien en las fotos y en los medios de comunicación».

En esa línea, los profesores creen que actualmente es más fácil aprobar para los estudiantes porque se ha ampliado la educación obligatoria sin asignar los recursos extraordinarios necesarios para atender a una población estudiantil que no está en los centros educativos por interés personal, «sino por obligación». Y ello, según recalca, «ha conducido a bajar el nivel de exigencia».

A ello se une que se asigna al profesorado otras funciones administrativas o las de «guardería social». Pero sobre todo, para Bravo es grave lo que está ocurriendo con los que deciden no aprobar. «Se persigue y penaliza al profesorado que no aprueba a un porcentaje alto de alumnos a través de la inspección educativa para maquillar las estadísticas sobre repetidores y abandono escolar», dice el profesor insistiendo en que esa «persecución» se materializa en el incremento de informes solo para justificar los suspensos pero no para los aprobados.«Se nota en todos los niveles. Como si exigir un esfuerzo fuese realmente inaceptable», sostiene Alfonso Castro, decano de Derecho Apia tampoco está de acuerdo en que se llegue a la Selectividad con una materia pendiente y considera que se trata de «un error» ya que, a su juicio, la universidad también se está convirtiendo en «una forma de ocultar el alto índice de paro juvenil» en lugar de dar una formación de calidad a los futuros profesionales, «Si el punto de partida es una educación secundaria devaluada y una selectividad más fácil, la universidad terminará ocupándose de lo que debería haber hecho la secundaria», explica.

Tampoco le gustan las últimas reformas educativas a la patronal de los centros concertados y privados donde consideran que rebajar el nivel de exigencia es «un engaño al alumno». De hecho, el presidente de la Federación Andaluza de Centros de Enseñanza Privada, CECE, Rafael Caamaño, recuerda que eso supone que se envía al alumno a la Selectividad sin las posibilidades de alcanzar la nota que necesitaría para acceder a una carrera. «Parece que se le hace un favor pero no es así. Quizás solo quieran camuflar de esta manera los índices de fracaso escolar pero a costa del propio alumnado», dice.

Tampoco son partidarios de estas reformas en centros de primaria. Desde la Asociación Andaluza de Directores y Directoras de Centros de Infantil, Primaria y Residencias Escolares, Asadipre, su presidente Jorge Delgado, está de acuerdo en que el sistema educativo se actualice y modernice en contenidos, herramientas de evaluación y sistema de acceso a la universidad. Sin embargo cree que «no es lo más adecuado subir el número de suspensos para poder promocionar». Y cree que la nueva norma tiene aspectos a mejorar. Las reformas educativas siguen generando polémica.

Fuente: ABC

Redacción

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