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Los monjes guerreros

castillo-san-jorge-guerrerosUn cráter queda apenas del Castillo de San Jorge. Todas las estancias de esta fortaleza sin muros entran en nuestros ojos de un vistazo; no hay paredes en estas casitas sin techo ya, ¿tampoco quedan rincones?

Empieza el guía ‘aquí habitó aquella orden, la de San Jorge, que armaba sus monjes para proteger la ciudad y su muralla’ Nos dice que más adelante el bastión se usó para ejecutar las negras sentencias de la inquisición y por último… por último la cercó el olvido.

Por tierra la gloria de San Jorge; solamente la solería recuerda la solera del monumento pero las pistas que nos sopla el suelo son suficientes: dónde entrenaban, la capilla, las habitaciones, las celdas… El empedrado o el barro del pavimento, es lo único que ha aguantado los pasos del tiempo. Magnífico piso el de la prehistoria trianera. De hornos nos habla también la infantil cocina, con cuatro bártulos que le quedan a la pobre. Arcos, alguna escalera, muchas ilustraciones de reos e inquisidores en los paneles informativos. Poco más, el mercado detrás de la puerta.

Es pasear por estas ‘calles’ como pasear por Itálica. Solo cicatrices por el suelo demuestran que esta ruina fue en su día fortaleza.

Corral trianero que después caído se dejó fortificar por la magia del río. Agua, Guadalquivir, que le devuelva a esos guerreros béticos el escudo que los derribos le quitaron. Retumba verde el eco de esos monjes cruzados que gritan más que las piedras de los caminos de San Jorge que este secreto que esconde Triana… Rincón es de Sevilla.

 

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