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El muro de las lamentaciones

Dicen que cuando Híspalo y Herakles fundaron nuestra ciudad, marcaron primero el nuevo territorio con seis gigantes estacas. Más tarde Adriano edificó en este punto un templo al Padre Hércules cuyo atrio contaba precisamente con seis enormes columnas de 9 metros que alzaban el frontón y definían el atrio.

Luego pasó como casi siempre en Sevilla y el viejo monumento sufrió expolios igual que tantas otras joyas romanas. Dos de las seis columnas terminaron en la Alameda y una tercera se rompió al intentar llevarla al Alcázar en el siglo XIII. La calzada de la calle Mármoles alzó varios metros su nivel; solo faltaba eso para literalmente hundir las ruinas en el olvido. Una pena.

muro-lamentacionesCuesta encontrárselas pero ahí siguen tres de aquellas columnas trepadas hoy por una yedra sin límites. Se esconde tras la hojarasca el bloque de pisos que ocupa el lugar del templo. Poco sabor y encanto el de este edificio de ladrillo visto que deja su costado a modo de muro de las lamentaciones para preguntarse por la desaparición de cosa tan romana y olímpica.

La judería nos engulle y las muy cristianas cruces del barrio bautizan la collación de este rincón pagano. Gran poder tuvo Hércules en su día, tres fustes apenas sobrevivieron al sevillano. Hoy contemplamos con más pena que gloria lo que bien podría ser –otro- símbolo de la ciudad más hermosa del mundo. Siempre nos quedará el muro para desahogar el lamento. No se seca la fosa que parece querer devorar en el agua los restos.

Mármol con yedra se arrinconan en una esquinita hispalense que planta majestad al abandono y que por derecho romano… rincón es de Sevilla.

Juan de la Lama Rincón para sevilla.net

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