Facebook
Twitter
YouTube
Instagram
Google+

El mantón de Manila

Dice la leyenda que unos ricos paños bordados arribaron a Sevilla como envoltorios de las cajas de tabaco que llegaban del Nuevo Continente. Las cigarreras los poblaron de flecos y así nació el mantón. Sin embargo, cuentan las crónicas que, procedentes de China, tomaron el nombre de la capital de Filipinas, Manila, escala inevitable en el comercio marítimo para embarcar rumbo a América y atracar luego en nuestras costas. En España adquirió una impronta especial y la mujer, con su uso a lo largo de los años, supo transmitirle el sello de femenino y la categoría de arma de seducción de muy altos vuelos.

“Los chinos le pusieron el cuerpo y los árabes el alma”, dice la historiadora y autora de un libro sobre los mantones de Manila, Caroline Stone.

Según su tesis, que comparto, el Islam, que promulga que las mujeres cubran su rostro, topó de frente con la Corona que, en 1492,  prohibió a las moriscas usar el velo. Obligadas a abandonar una de sus señas de identidad, adoptaron el chal o manta, prenda de relieve en las castellanas. Con ella se tocaban cabeza y cara dejando visibles sus ojos, con ese halo de misterio de lo que todavía está por descubrir.

Bordados Mantones de manila en la Feria de Abril en SevillaEsta moda fue adoptada por las cristianas de Sevilla, Córdoba, Granada y Toledo. Había nacido el precursor del mantón, esa prenda que ha sabido despojarse, macerada por el tiempo, de su etiqueta de folclórica.

Pintado por unos, ensalzado por otros, su colorista sensualidad aparece hasta en los textos de escritores tan señeros como Benito Pérez Galdós, al que yo he bautizado como el Vogue de las palabras, por la exhaustiva descripción que de las distintas prendas y tendencias imperantes hace en cada una de sus novelas. Descripción e implicación, ya que siempre fue un defensor de la indumentaria autóctona, en claro rechazo a las modas que llegaban allende las fronteras, sobre todo de Francia.

En su novela Fortunata y Jacinta, publicada a finales del siglo XIX, el escritor canario escribe sobre el mantón de Manila: “Envolverse en él  es como vestirse con un cuadro. La industria  moderna no inventará nada que iguale a la ingenua poesía del mantón, salpicado de flores, flexible, pegadizo y mate, con aquel fleco que tiene algo de los enredos del sueño y aquella brillantez de color que iluminaba las muchedumbres en el tiempo en que su uso era general”.

Historia del Mántón de Manila en la Feria de AbrilEs verdad que el mantón de Manila viene y va en esa noria que es la moda y sus tendencias, pero nunca desentona, sobre todo en estos días de Feria, una de las más frescas de los últimos años, según los meteorólogos. Un buen mantón de Manila es  también un preciado legado sentimental, que suele pasar de madres a hijas e incluso hay quien posee alguno de su abuela o tatarabuela. Es curioso, pero en Sevilla, concretamente en Villamanrique de la Condesa, tenemos a la única bordadora de mantones de Manila en posesión de una medalla al Mérito en las Bellas Artes. Ángeles Espinar recibió este merecido galardón en Toledo, en el año 2007, de manos de los actuales Reyes de España, entonces Príncipes de Asturias. Pero Ángeles Espinar, autora de los mantones que ilustran la página, fotografiados por Chema Soler, siempre se lamenta de que es un oficio en vías de extinción. En bordar un mantón se tardan seis meses a seis horas de trabajo diario”.

Es cierto, pero la artesanía es el lujo del siglo XXI, aunque en España, cuna de grandes artistas manuales, no esté valorada una tarea ensalzada por tantos foráneos, como los americanos o los europeos del norte.

Tan apreciados son que cada cierto tiempo las revistas de moda, que son las que dictan las tendencias, vuelven a posar sus ojos en ellos y los ponen en el punto de mira. A lo largo de la historia, lo andaluz (lunares, volantes, bordados, encajes) ha estado de última. Hay una curiosa anécdota, contada por la periodista Rosa Villacastín, en su libro, escrito al alimón con el también periodista Manuel Francisco Reina, “La princesa Paca” que versa sobre su abuela, pareja del poeta Rubén Darío. Resulta que el escritor Manuel Machado le regaló un mantón de Manila que había pertenecido a su madre. Mantón que causó sensación en el París de principios del siglo XX, al estar de moda todo lo español.  ¿Por qué no te lo pones ahora para ir a los toros o para guarecerte del relente de las noches en la Feria?  Un  buen mantón de Manila no sólo es un  auténtico complemento “vintage”, sino una verdadera joya.

Clara Guzmán (telademoda.com) en colaboración con Sevilla.net.

Los comentarios están cerrados.

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial