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Boy de Chanel

Coco Chanel tuvo una vida de película. Vamos, de esas que todo el mundo quiere tener porque en ella hay los ingredientes necesarios para hacerla misteriosa, intrigante, apasionante y sin tiempo para el aburrimiento y el bostezo. Claro, que esas vidas también tienen su cruz, aunque se suelen pasar por alto. Coco Chanel se crió en un orfanato y luego revolucionó el mundo de las modas y los modos. Eso, de entrada, es ya de nota. De matrícula de honor, que creo que ahora ya no se estila.

Admirada y temida, amada y odiada, como suele suceder con quienes no pasan inadvertidos, Gabrielle Chanel siempre reconoció que gracias a la ayuda monetaria de los hombres se abrió camino en un mundo lleno de gente pejiguera que miraba por encima del hombro a quien no perteneciera a su círculo. Vamos, como ahora y como siempre, tampoco ha cambiado tanto la vida.

comp-chanel-enamoradaCoco Chanel es de esas mujeres que se ponen el mundo por montera, cuestión fácil de escribir pero difícil de ejecutar, y se vuelven grandes, aunque no lleguen al 1,60. Y Gabrielle, que dicen que era de Coco y…Chanel, es de esas mujeres cuya obra no tiene fecha de caducidad. Con lo poco que hoy se dura en cartel…

En el apartado amoroso fue pródiga, aunque luego muriera sola, en enero de 1971, en el hotel Ritz de París, su hogar en los últimos tiempos. Ese suele ser el sino de muchos genios. Uno de aquellos amores y el que, al parecer, le marcó de por vida, fue Arthur Capel, más conocido como Boy. Jugador de polo, guapo, con bigote, elegante, siempre de veintiún botones (algún día explicaré su significado) con sus trajes de tweed a medida, era el típico picaflor, usted me entiende. Sí, el picaflor que luego se queda con la peor. Con Coco Chanel, no, desde luego. Pero fue su mentor, al prestarle el dinero necesario para que nuestra protagonista adquiriera su primera boutique parisina. Dinero que ella le devolvió íntegramente, como se encargó de contar Chanel a los cuatro vientos.

Estamos en la “Belle époque”, “Época atroz”, como la definió Coco; o sea, antes del estallido de la I Guerra Mundial, en 1914, un momento en el que los señores de posibles tenían que tener amante casi por decreto ley. Es verdad que Chanel nunca ocultó que su relación con los hombres le permitió avanzar y conseguir sus objetivos, pero su talento fue la verdadera piedra angular de su negocio, que ha dejado huella y que continúa en pie como sinónimo del lujo.

coco-chanel-mujerBoy Capel creyó en ella. Creyó en su singularidad y en su empeño de adaptar el guardarropa masculino a las necesidades de la mujer del momento, que empezaba a liberarse de las cadenas del corsé físico y psíquico. Y la mujer nunca fue tan femenina como con aquellas prendas del hombre que Coco había reinterpretado para ella. Fue el verdadero pistoletazo de salida para su gran carrera hacia el éxito, la declaración de principios que siguen vivos en la Rue Cambon de París.

Si Coco Chanel tenía una vida alejada de los patrones establecidos, Boy Capel no se quedaba atrás. Intelectual, interesado y apasionado de la política y el espiritualismo, introdujo a Gabrielle Chanel  entre otras disciplinas, en el mundo del esoterismo, los símbolos y la cultura oriental. Y porque Arthur Capel dejó huella en Coco, la Casa francesa ha querido rendirle homenaje creando la esencia Boy Chanel, que se une a la escogida colección “Les exclusives de Chanel”.  Boy Capel va a ser una fragancia de las que dejan estela. ¿Alguien lo pone en duda?

Clara Guzmán (telademoda.com) en colaboración con Sevilla.net

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