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Anillos para una boda

Las bodas están a la orden del día no sé si porque nadie escarmienta en cabeza ajena o porque el amor nunca está en funciones como los gobiernos. El sector de las novias no se ha resentido con la dichosa crisis; al contrario, sigue tan terne que la gente no para de inventar empresas para contentar a los desposados e incluso a su familia.

La firma francesa de alta joyería Chaumet acaba de lanzar una campaña publicitaria tan atractiva, delicada y amorosa, si se me permite, capaz de encandilar hasta al más reacio a pasar por el altar. El director Matthew Brookes cuenta la historia de una joven pareja recién casada que pasea alegremente por las calles de París, desde las Tullerías hasta el puente de Alexandre III. Su fecundo paseo les lleva hasta la Place Vendôme y a los salones de la Maison Chaumet donde se rinden ante la belleza de la tiara “Perle de Vénus”.

Pero previamente, los novios han adquirido uno de los anillos de esponsales de la firma. Un anillo que tiene toda una historia detrás y que vamos a recorrerla, aunque realmente es la historia de un compromiso. Sí, como la canción de Chiquetete.

anillos-boda-historiaEn nuestra cultura occidental, un anillo de compromiso significa la intención de una pareja de casarse. En la actualidad, lo más normal es que el anillo esté engarzado con un diamante, por ser una piedra duradera, irrompible y “eterna”. Diamante además viene del griego adamas que significa invencible. Bueno, también Marilyn Monroe decía en su famosa película “Los caballeros las prefieren rubias” que los diamantes son los mejores amigos de una mujer. Tampoco vamos a ser tan materialistas, porque si nos ponemos románticas, el anillo de marras se lleva en el dedo anular de la mano izquierda, ya que al parecer es por ahí por donde la vena “amoris” conecta directamente con el corazón. Los mismos egipcios se creían esta leyenda a pie juntillas. Pensaban que el amor quedaba atado y bien atado y era imposible que escapara del dedo. Sus anillos estaban hechos de hueso, fibras de plantas, marfil o cuero.

Los romanos, por su parte, entregaban un anillo de compromiso a sus futuros suegros, como parte del ritual de pedirle la mano de su hija. Eran argollas de hierro que significaban fuerza y permanencia.

Los cristianos empezaron a intercambiarse anillos de compromiso en el siglo III, pero no fue hasta el XIII cuando formalizaron el rito, ya que la Iglesia lo consideraba una “tradición pagana” y con la Iglesia hemos topado, Sancho. No obstante, y ya puestos, las alianzas empezaron a ser de oro, un material noble para ennoblecer el matrimonio y que de paso el joyero amigo se hiciera con un capitalito.

El anillo con diamantes para sellar el compromiso data de ayer por la mañana si nos ponemos exquisitos. Fue en el siglo XV cuando empezaron a ser engarzados con gemas y cada una tenía un significado. Claro que eso sólo se lo podía permitir gente principal, no ahora, que vas a El Corte Inglés de Nervión, un poner, y lo puedes adquirir a treinta, sesenta y noventa.

De todas formas, el culpable de que se popularizara esa costumbre de pedir a la novia con un anillo de diamantes fue France Gerety, un publicista americano que en 1947 publicó el eslogan “A diamond is forever”, “Un diamante es para siempre”. Esta frase, calificada como el mejor eslogan de todo el siglo XX, permitió que la venta de diamantes se disparara en el mundo occidental. Y que usted esté ahora pensando en cuál será el más indicado para regalarle a su novia.

Clara Guzmán (telademoda.com) en colaboración con Sevilla.net.

Anillos de compromiso

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