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Agua viva

Se acaba la Feria, se vuelve a la normalidad y ya estamos echando el ojo a lo que se va a llevar en trajes de baño esta temporada. Si es que es un no parar. Así no pensamos en otras cosas más escandalosas.

Y como todavía andamos en este principio de siglo XXI en la etapa ecléctica, que es una manera fina y prosopopéyica de decir batiburrillo, se lleva de todo. Bañadores que hacen el cuerpo más estilizado; biquinis que lo hacen menos; ropa de baño específica para las surferas que en las playas de Tarifa son; de estampados diversos, de flores, de cuadros,  de tela vaquera o denim, de ganchillo, de punto de trigo, de punto de arroz o de ochos y tan chulos como los de Avec Plaisir que ilustran esta página. En fin, que hay para perder el gusto.

tendencias-moda-verano-playaY qué curioso todo porque el bañador, ahí donde lo ven, se puso de moda al final del siglo XIX, cuando las vacaciones en la playa eran lo último, tendencia diríamos ahora. Pero como estaba mal visto estar moreno, ya que era el color de los que trabajaban de sol a sol, los otros, los de sangre azul, porque en su blanca palidez se les notaban más sus venas, iban a la playa vestidos. Faltaría más.


La playa era un lugar de reunión, de paseo, de cotilleos, de romances de valentía o de cobardía, ya sabe. Todos se sentaban en los sillones sobre la arena pero protegidos del sol de la cabeza a los pies.  Los primeros bañadores fueron una túnica larga sobre unos pantalones. Era la mojigatería pasada por agua, aunque el agua siempre ha estado viva para atraer a los osados. Y osado fue el  austriaco Rudi Gerneich, que en el año 1964 lanzó el top less. Diferente es que se lo pusiera todo el mundo. Lo que sí tuvo éxito fue el biquini, que tiene su historia un tanto bélica. Nacido en Francia en 1947, su paternidad se debe a dos diseñadores: Louis Réard y Jacques Heim. Este último bautizó a la nueva prenda con el nombre de Átomo. Pero una vez que los Estados Unidos llevaron a cabo pruebas atómicas en el atolón Bikini, se impuso por unanimidad llamarlo así. Estaba claro, el biquini, incluso castellanizado, era un bombazo.

Pero, como suele pasar, mientras que en Francia este innovador traje de baño fue muy popular en los años cincuenta (en España tardó unos años más, ojo) la moral imperante en los Estados Unidos, en cuestión de indumentaria, impidió que se pusiera de moda hasta bien entrada la década de los sesenta.

verano-modaEs verdad que Coco Chanel tuvo mucho que ver con que la gente se aficionara a ir a la playa y a tomar el sol. Pero cuenta Maribel Bandrés en su libro, que recomiendo encarecidamente, “El vestido y la moda”, que los primeros bañadores femeninos eran túnicas con cuello, mangas y cinturón, bombachos y un gorro a juego. Las señoras llevaban incluso medias negras, corsés y fajas de goma.  Vamos, como ahora vemos a las mujeres de los países islámicos chapotear en el agua, con lo que debía  y debe ser una proeza mantenerse a flote.

Pero, a principios del siglo XX, el bañador, lo mismo que la ropa interior, se hizo más pequeña y en 1914, antes de estallar la I Guerra Mundial, ya no tenía mangas, la espalda iba al descubierto y la túnica llegaba por encima de las rodillas. Unos años después,  la firma Jantzen  introdujo en América el bañador elástico de una sola pieza. Esther Williams, en sus películas, ya llevaba unos ceñidísimos diseños, demasiado sensuales para el gusto de la época.

Así que cuando vayas a comprarte tu bañador para este verano 2016 acuérdate que eres una afortunada. Puedes nadar y tomar el sol sin que tu indumentaria suponga un lastre. Ligera de equipaje, si lo prefieres al estilo machadiano.

Clara Guzmán (telademoda.com) en colaboración con Sevilla.net.

 

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